El océano está a punto de experimentar su transformación legal más significativa en décadas. El próximo 17 de enero de 2026, entrará en vigor el Tratado de Biodiversidad en Alta Mar de la ONU, conocido técnicamente como el Acuerdo BBNJ (Biodiversity Beyond National Jurisdiction). Este instrumento no es una simple declaración de intenciones; instaura por primera vez un marco jurídicamente vinculante para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina en áreas situadas fuera de la jurisdicción nacional.
Hasta ahora, las aguas internacionales operaban bajo un mosaico fragmentado de regulaciones. El nuevo acuerdo cierra un vacío legal histórico, estableciendo reglas claras para proteger la vida marina donde antes la supervisión era limitada.
Para las industrias que operan en el mar, desde la pesca hasta el transporte marítimo y la biotecnología, comprender el alcance del Tratado de Biodiversidad es urgente y estratégico.
1. El alcance: ¿Qué regula el Tratado de Biodiversidad?
El Tratado se ha negociado bajo el paraguas de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR o UNCLOS), la «constitución» de los océanos. Sin embargo, el BBNJ va un paso más allá al operacionalizar obligaciones específicas.
Su jurisdicción abarca la «Alta Mar» y «La Zona» (los fondos marinos fuera de la jurisdicción nacional). El objetivo central es abordar, de manera coherente y cooperativa, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas. Esto incluye factores críticos mencionados en el preámbulo del acuerdo, como el calentamiento y la desoxigenación del océano, la acidificación y la contaminación plástica.
A partir de enero de 2026, los Estados Parte deberán iniciar la aplicación de compromisos rigurosos. No se trata solo de proteger especies, sino de garantizar que cualquier actividad humana en estas aguas —ya sea comercial o científica— se realice bajo estándares de sostenibilidad comprobables.
2. Recursos genéticos marinos: bioprospección y equidad
Uno de los pilares más innovadores y complejos del Tratado de Biodiversidad es la regulación de los Recursos Genéticos Marinos (RGM). Esto se refiere al material genético de cualquier planta, animal o microbio marino que tenga valor real o potencial.
Las empresas farmacéuticas, cosméticas y químicas realizan constantemente «bioprospección» en busca de nuevos compuestos. El tratado establece que los beneficios derivados de estos recursos no pueden ser exclusivos de quien los encuentra. Se instaura un mecanismo de reparto de beneficios (monetarios y no monetarios) para asegurar la equidad, especialmente hacia los países en desarrollo.
Esto implica nuevas obligaciones de notificación. Antes de realizar una recolección in situ de recursos genéticos en alta mar, se deberá notificar al «Mecanismo de Intercambio de Información» (Clearing-House Mechanism) establecido por el Tratado. Esto garantiza la trazabilidad y la transparencia, elementos que pronto serán estándar en toda operación marítima avanzada.
3. Herramientas de Gestión Basadas en Zonas
El Tratado de Biodiversidad faculta a la comunidad internacional para crear Áreas Marinas Protegidas (AMP) en alta mar. Antes de este acuerdo, no existía un mecanismo global claro para establecer santuarios en aguas internacionales que fueran respetados por todos los países.
Estas herramientas de gestión tienen como fin:
- Proteger, preservar y restaurar la biodiversidad y los ecosistemas.
- Fortalecer la resiliencia ante el cambio climático.
- Mantener la seguridad alimentaria y otros valores socioeconómicos.
Para la industria logística y pesquera, esto significa que el mapa del océano cambiará. Se delimitarán zonas donde las actividades estarán restringidas o altamente reguladas para permitir la recuperación de los stocks pesqueros y la biodiversidad. La planificación de rutas marítimas y zonas de pesca deberá tener en cuenta estas nuevas áreas de conservación para evitar infracciones y sanciones.

4. Evaluaciones de impacto ambiental
Este es un requisito indispensable, quizás el cambio operativo más inmediato para el sector privado sea la exigencia de Evaluaciones de Impacto Ambiental (EIA). Bajo el nuevo Tratado de Biodiversidad, los Estados deben asegurar que se evalúen los efectos potenciales de cualquier actividad planificada bajo su jurisdicción o control que tenga lugar en alta mar.
Si una actividad (como la pesca de gran escala en nuevas zonas, la instalación de cables submarinos o la minería de fondos marinos) tiene el potencial de causar más que un efecto «menor o transitorio», deberá someterse a un riguroso proceso de evaluación.
El proceso estipulado en el Tratado incluye:
- Examen preliminar (Screening): Determinar si se requiere una EIA completa.
- Delimitación del ámbito (Scoping): Identificar los impactos clave a estudiar.
- Evaluación y Consulta Pública: Los informes deben ser públicos y abiertos a comentarios de la comunidad internacional.
- Toma de decisiones: Basada en la ciencia y en los principios de precaución.
Esto eleva la barra técnica para cualquier proyecto en alta mar, exigiendo datos precisos y transparencia absoluta.
5. Desarrollo de Capacidades y Transferencia de Tecnología
El Tratado de Biodiversidad reconoce que no todos los países tienen la misma capacidad para implementar estas normas. Por ello, establece obligaciones fuertes de cooperación. Los países desarrollados deberán asistir a los países en desarrollo mediante la transferencia de tecnología marina y el fortalecimiento de capacidades.
Esto incluye:
- Intercambio de datos e información científica.
- Acceso a infraestructura de investigación.
- Capacitación técnica en gestión de áreas protegidas y realización de EIAs.
Este punto es crucial para países como Perú, que poseen una rica biodiversidad marina y una industria pesquera activa, pero que requieren actualizar constantemente su infraestructura tecnológica y científica para competir y cumplir con los estándares globales.
6. Institucionalidad y Gobernanza Futura
El acuerdo crea sus propios órganos de gobierno, lo que asegura su longevidad y adaptación:
- Conferencia de las Partes (COP): El órgano supremo que tomará decisiones y revisará la implementación.
- Secretaría: Proporcionará apoyo administrativo y logístico (aún en diseño).
- Comité Científico y Técnico: Asesorará sobre las mejores prácticas y estándares ambientales.
Aunque algunas estructuras siguen en diseño, las obligaciones legales comenzarán a correr a partir de enero de 2026. La gobernanza del océano dejará de ser reactiva para ser proactiva y centralizada en la conservación.
Experiencia y capacidad en la carga pesquera
En este nuevo escenario regulatorio, la eficiencia logística y el cumplimiento normativo se vuelven inseparables. El sector pesquero, uno de los más impactados por el Tratado de Biodiversidad, requerirá socios logísticos que no solo muevan carga, sino que entiendan la importancia de la trazabilidad y la integridad del producto.
En VE Logistics, entendemos que la pesca responsable comienza en el mar y termina en el mercado, pasando por una cadena de suministro impecable. Contamos con una sólida capacidad operativa para el manejo de carga pesquera, un sector vital para la economía peruana y regional.
Nuestra experiencia en el manejo de contenedores Reefer nos permite garantizar la cadena de frío para productos hidrobiológicos, asegurando que la calidad se mantenga intacta desde el puerto de origen hasta cualquier destino global. Conocemos los rigurosos estándares sanitarios y documentarios que exigen los mercados internacionales, y estamos preparados para adaptarnos a las nuevas exigencias de trazabilidad ambiental que traerá consigo la implementación del Tratado BBNJ.
Ya sea harina de pescado, congelados o productos frescos, en VE Logistics ofrecemos soluciones de transporte marítimo y terrestre que se alinean con los estándares de sostenibilidad y eficiencia. En un mundo donde el océano está más protegido y regulado, su carga necesita viajar con expertos que garanticen seguridad, rapidez y cumplimiento total.
Hacia una economía azul sostenible
La entrada en vigor del Tratado de Biodiversidad no debe verse como un obstáculo, sino como una oportunidad para modernizar las prácticas marítimas y asegurar el futuro de los recursos del océano.
Las empresas que se adelanten a estos cambios, invirtiendo en sostenibilidad, evaluaciones de impacto ambiental rigurosas y logística certificada, tendrán una ventaja competitiva en el mercado global. El océano ya tiene nuevas reglas; el éxito dependerá de nuestra capacidad para navegar en ellas con responsabilidad y visión de futuro.



