¿En qué consiste el acuerdo agrario Perú-Uruguay? Claves de la cooperación bilateral

Suscrito en febrero de 2025, el acuerdo agrario Perú-Uruguay establece un marco de cooperación interinstucional para el intercambio de conocimientos y transferencia tecnológica. Este pacto regional prioriza la seguridad alimentaria y la sostenibilidad de los recursos naturales.

El panorama de la agricultura en América Latina ha dado un paso significativo hacia la integración y la modernización con la firma del acuerdo agrario Perú-Uruguay. Este tratado, denominado formalmente como «Acuerdo Marco de Cooperación Interinstitucional», fue suscrito por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) de la República del Perú y el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) de la República Oriental del Uruguay.

El impacto del acuerdo agrario Perú-Uruguay en el desarrollo regional 

Con una vigencia inicial de cinco años, este documento, además de formalizar una relación diplomática, establece una hoja de ruta técnica para enfrentar los desafíos climáticos, productivos y comerciales del siglo XXI.

Un marco para la innovación y la transferencia tecnológica

El núcleo del acuerdo agrario Perú-Uruguay reside en el reconocimiento de que la cooperación internacional es el motor fundamental para elevar la calidad de vida de las poblaciones rurales. Los ministros Ángel Manuel Manero Campos, por la parte peruana, y Fernando Mattos Costa, por la uruguaya, han plasmado la necesidad de un intercambio constante de conocimientos y experiencias.

Uno de los pilares más destacados es la transferencia de tecnología. Uruguay, con una vasta experiencia en la gestión de sistemas ganaderos y cultivos extensivos, y Perú, líder en agroexportaciones de alto valor y biodiversidad, encuentran un terreno común para la innovación. El acuerdo enfatiza el fortalecimiento de la investigación agraria, particularmente a través de organismos como el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) de ambos países, buscando optimizar el uso de biotecnología y el mejoramiento genético de semillas y ganado.

Áreas prioritarias: Sanidad, riego y sostenibilidad

El acuerdo agrario Perú-Uruguay identifica áreas críticas donde la colaboración técnica generará resultados inmediatos. Estas áreas no han sido elegidas al azar, sino que responden a las necesidades estructurales de ambos sectores productivos:

  1. Sanidad animal y vegetal: La vigilancia epidemiológica y el control de plagas son vitales para mantener el acceso a mercados internacionales. Mediante este acuerdo, el SENASA (Perú) y sus contrapartes uruguayas trabajarán en la armonización de medidas sanitarias y fitosanitarias, facilitando el comercio y protegiendo el estatus sanitario de ambos países.
  2. Gestión de recursos hídricos y riego: En un contexto de cambio climático, el manejo eficiente del agua es una prioridad absoluta. El acuerdo promueve el intercambio de técnicas de riego tecnificado y la conservación de cuencas, áreas donde Perú ha realizado inversiones masivas y Uruguay posee una gestión institucional sólida.
  3. Seguridad alimentaria y agricultura familiar: Ambos ministerios han acordado fomentar políticas que fortalezcan a los pequeños productores y las cooperativas. Se busca mejorar la inserción de la agricultura familiar en las cadenas de valor globales, asegurando que el crecimiento del sector sea inclusivo.
image Agroindustria

Mecanismos de ejecución: La Comisión Binacional

Para evitar que el compromiso quede en una declaración de intenciones, el acuerdo agrario Perú-Uruguay establece la creación de una Comisión Binacional de Cooperación Agraria. Este organismo será el encargado de coordinar, supervisar y evaluar la ejecución de los programas y proyectos específicos que se deriven del acuerdo marco.

La Comisión tendrá la responsabilidad de elaborar planes de trabajo anuales, identificar fuentes de financiamiento y asegurar que las actividades —como el intercambio de expertos, la organización de seminarios y la realización de investigaciones conjuntas— se lleven a cabo con eficacia. Esta estructura de gobernanza asegura que la cooperación sea dinámica y se adapte a las contingencias del mercado y el clima.

El rol de la biotecnología y la agroindustria

El desarrollo agroindustrial es otro punto alto en la agenda bilateral. El acuerdo incentiva la cooperación en procesos de transformación de productos primarios, buscando generar mayor valor agregado en origen. En el caso del Perú, la experiencia uruguaya en trazabilidad cárnica y producción de granos puede ofrecer lecciones valiosas para escalar procesos en la selva y sierra peruana. A su vez, Uruguay puede beneficiarse del know-how peruano en la gestión de cultivos de exportación no tradicionales.

La biotecnología se menciona específicamente como una herramienta para la resiliencia. El intercambio de germoplasma y el desarrollo de variedades resistentes a sequías o plagas son objetivos compartidos que fortalecerán la soberanía alimentaria de ambas naciones.

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Financiamiento y continuidad del compromiso

El acuerdo agrario Perú-Uruguay especifica que el financiamiento de las actividades de cooperación se determinará según la disponibilidad presupuestaria de cada país. No obstante, se deja abierta la puerta para la participación de organismos internacionales de crédito y agencias de cooperación técnica de terceros países.

En cuanto a su duración, el pacto tiene un horizonte de cinco años, prorrogables automáticamente. Esto garantiza que las investigaciones de largo plazo, que son comunes en el sector agrario, tengan la estabilidad necesaria para llegar a término. Incluso en caso de una eventual terminación del acuerdo, los proyectos que ya se encuentren en curso continuarán hasta su finalización, protegiendo las inversiones y el esfuerzo técnico realizado.

Aterrizamiento de iniciativas

Más allá del acuerdo marco, el 2026 ha arrancado con proyectos de investigación técnica muy específicos que ya están en ejecución o en fase de convocatoria inmediata. 

1. Genómica para «Blindar» cultivos (Maíz, Papa y Frijol)

Una de las investigaciones más importantes en curso es la Red Científica Regional de Genómica, publicada en febrero de 2026. En ella participan 17 instituciones de 13 países, incluidos INIA Perú e INIA Uruguay.

  • El objetivo: Utilizar tecnologías genómicas para caracterizar la diversidad de los bancos de germoplasma nacionales.
  • Impacto: Se busca desarrollar variedades de maíz, papa y frijol que sean resistentes al cambio climático, uniendo la biodiversidad peruana con la capacidad de análisis genómico uruguayo.

2. El «Desafío Trazabilidad 2026»

Uruguay, que cumple 20 años de trazabilidad universal este año, ha lanzado el Desafío Trazabilidad Animal.

  • En qué consiste: Un llamado para desarrollar dispositivos de identificación de nueva generación (más allá de las caravanas tradicionales) que integren registros de marcas y datos de salud en tiempo real.
  • Relación con Perú: Según el MIDAGRI, Perú está en la etapa de «observador técnico» para adoptar estos nuevos dispositivos en el plan ganadero nacional que se busca implementar este año, utilizando a Uruguay como el blueprint tecnológico.

3. Proyecto FONTAGRO: Integración ganadero-forestal

En mayo de 2026, se han intensificado los talleres del proyecto «Integración de sistemas productivos como estrategia para la mitigación», financiado por FONTAGRO.

  • Investigación: Se están midiendo las reservas de carbono en sistemas que combinan ganadería con árboles (sistemas silvopastoriles).
  • Participación: Equipos técnicos de ambos países están compartiendo datos sobre «huella de carbono», un requisito que Europa empezará a exigir con mayor rigor y que ambos países necesitan estandarizar.

4. Intercambio de Genética: alpacas y bovinos

Mientras que el MIDAGRI (a través de Agro Rural) inició en marzo de 2026 un proyecto masivo de mejoramiento genético de 6,000 alpacas, Uruguay ha puesto a disposición su banco de germoplasma.

Un futuro integrado para el campo

La suscripción del acuerdo agrario Perú-Uruguay representa una visión moderna de la política exterior agrícola. En un mundo donde las barreras técnicas y los desafíos ambientales son cada vez más complejos, la unión de esfuerzos entre países con ventajas comparativas complementarias es la estrategia más inteligente.

Este acuerdo no solo beneficiará a los grandes exportadores, sino que tiene el potencial de transformar la realidad del pequeño productor a través del acceso a tecnología y mejores prácticas de sanidad. El fortalecimiento de este eje Lima-Montevideo es, sin duda, una excelente noticia para la estabilidad económica y la seguridad alimentaria de la región, posicionando a ambos países como referentes de una gestión pública agraria basada en la ciencia y la cooperación mutua.

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